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El
estrés es uno de los trastornos más comunes de esta época. Las causas
habría que buscarlas en las tensiones de la vida cotidiana y en la
reacción ante los estímulos negativos de la civilización actual.
1. ¿Qué es?
El estrés es la respuesta, tanto mental como
física, que tenemos las personas para adaptarnos a los diversos
acontecimientos que se presentan en nuestra vida. El estrés se
comporta como un estímulo perturbador del equilibrio interno del
individuo.
2. ¿Cuándo aparece?
El problema aparece cuando la tensión en
nuestro organismo se desborda y supera nuestra capacidad de control.
Dicho de otro modo, cuando el estímulo perturbador incrementa la
activación del organismo más rápidamente que su capacidad de
adaptación.
Tener cierto grado de tensión suele
mantenernos activos, con más energía, nos ayuda a aprovechar mejor el
tiempo y a hacer más de lo que nos creemos capaces.
Pero cuando se desborda y sobrecarga nuestro
cuerpo y nuestra mente es cuando surge el peligro y empiezan a
aparecer una serie de síntomas físicos, psíquicos y conductuales.
3. ¿Por qué surge?
Existen una serie de acontecimientos en la
vida a los que todos en algún momento tenemos que enfrentarnos:
enfermedades, fallecimientos de familiares, problemas económicos,
crisis conyugales y separaciones, conflictos en el trabajo... Todas
estas situaciones son inevitables y en la mayor parte de las personas
producen estrés.
Hay ocasiones en las que el origen del estrés
no es la situación en sí misma, sino la percepción que hacemos de
ella. Por lo tanto, lo que estresa a una persona, a otra le puede ser
indiferente.
4. ¿A quiénes afecta?
El estrés suele aparecer con más frecuencia
en aquellos individuos que están insatisfechos con la vida que llevan,
y no se atreven a cambiarla o poner los medios para obtener mayor
satisfacción.
5. Síntomas
Las primeras señales de aviso suelen
manifestarse en forma de síntomas físicos como:
- Respiración rápida.
- Ritmo cardiaco acelerado.
- Dolor de cabeza.
- Insomnio.
- Trastornos del apetito.
- Los síntomas psíquicos y conductuales son
más difíciles de identificar y tardan más en aparecer. Los más comunes
son: la irritabilidad, inquietud, mala concentración, atención
dispersa, disminución del rendimiento, imposibilidad para relajarse,
cansancio inexplicable, etc.
6. ¿Cómo remediarlo?
- Pensar en nosotros. Lo primero que habría
que hacer es concentrarnos en nosotros mismos, en lo que queremos, en
cuáles son nuestros sentimientos y descubrir cuál es el estilo de vida
que nos gustaría tener.
- Autoanálisis. Después tendríamos que
concentrarnos en nuestros pensamientos y descubrir si en nuestra mente
predominan ideas o creencias de carácter negativo.
- Apostar por el cambio. De ser así,
deberíamos poner todo nuestro empeño en cambiarlos.
6.1. Cambio de aires
Modificar nuestros hábitos más frecuentes
puede resultar difícil pero si se consigue se pueden lograr muchos
beneficios: mejora de la autoestima, mayor bienestar, mejora en las
relaciones con los demás y menos estrés.
Para ello, hay que aprender a enfrentarse a
esas situaciones que nos producen estrés, minimizar los problemas, ser
realista a la hora de fijar objetivos, ponerse metas limitadas y
concretas, y tomar cierta perspectiva de los acontecimientos.
6.2. Un proceso individual
La respuesta de cada uno va a ser diferente
en función de la evaluación que se haga de los estímulos que nos
producen estrés.
El cambio tiene que ser también interior,
dentro de uno mismo, aceptarnos como somos, reconocer que no somos
perfectos y que podemos cometer errores, evitar que los pensamientos
derrotistas y negativos aparezcan y sustituirlos por sentimientos de
carácter positivo.
Es aconsejable seguir una dieta equilibrada,
respetar el horario de las comidas, hacer ejercicio, evitar el consumo
excesivo de alcohol, tabaco, café, no forzar el ritmo de trabajo,
respetar los tiempos de descanso y realizar actividades que nos ayuden
a desconectar del trabajo y nos resulte agradables.
Fuente: Puleva Salud |