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Sida 2008: Testimonios. Personas
provenientes de diversos países comparten vivencias tras contraer el
virus
Silvia Garduño (1 agosto 2008).-
MÉXICO.- Cuando a Dorothy Onyango le diagnosticaron VIH positivo, en
la década de los 90, el único deseo que le pasaba por la mente era
poder vivir unos cuantos años.
Quería ver a sus tres hijos
terminar la escuela. Es madre soltera y no quería dejarlos
desamparados.
"No sabía que llegaría a ser
abuela, que vería a mis nietos, ni siquiera pensaba que vería a mis
hijos terminar la secundaria.
"Me limitaba a pensar que Dios me
diera otros cinco años de vida para ver a mis hijos terminar la
secundaria, luego que me diera otros años para verlos casados. Ahora
tengo nietos y estoy segura de que hoy, no me voy a morir".
A sus 51 años, y a 20 de haber
contraído el VIH, Dorothy es directora ejecutiva de Mujeres Luchando
contra el Sida en Kenya y se siente orgullosa de poder ayudar a las
mujeres con VIH a salir adelante.
"Creo en lo que estoy haciendo; me
siento muy bien, porque la mayoría de las mujeres que han pasado por
la organización se han empoderado, algunas se han casado -he ido a
tantas bodas-, han conseguido trabajo", explica.
Esta mujer forma parte de las 300
personas con VIH que, provenientes de diversos países, asistieron
ayer a la Cumbre de Liderazgo Positivo Viviendo 2008, con el fin de
debatir asuntos de acceso universal a programas de prevención,
cuidados y tratamiento, criminalización de la transmisión del virus,
derechos sexuales y reproductivos, entre otros.
El argentino Javier Hourcade es
otro de los líderes. Lleva 20 años viviendo con VIH. Le
diagnosticaron el virus mientras estudiaba la universidad, cuando su
pareja se enfrentaba a la búsqueda de los medicamentos que frenaran
el virus.
Hoy Javier es representante
regional para Latinoamérica y el Caribe de la Alianza Internacional
y miembro de la Junta de Gobierno del Fondo Mundial para el Sida, la
Tuberculosis y la Malaria.
"Toda mi vida había pensado en
trabajar en el sector privado, y lo intenté, pero fui discriminado,
yo estudié comunicación social. En realidad me alegro, porque
encontré mas placer en lo que hago.
"Pasé años difíciles, la mayoría de
mis colegas y compañeros y amigos de lucha todos murieron por
consecuencias ligadas a la inmunosupresión, y yo me pregunto, si no
hubiera trabajado en esto, no sé, creo que de alguna manera tuvo
algún efecto terapéutico", relata.
Javier se asume como una persona
afortunada, pues al pertenecer a una familia de clase media, nunca
ha tenido dificultades económicas para acceder a los tratamientos
que requiere.
Federico Mercado, de 40 años, se
integró a la Red de Personas con VIH de República Dominicana hace
cinco años y lucha por los derechos de los portadores que son
usuarios de drogas inyectables, como él mismo.
"Estoy luchando con ello y puedo
decir con voz fuerte que hay un problema, porque conozco muchos
usuarios que son igual que yo, seropositivos y usuarios de heroína.
Comenzó a usar drogas "suaves" para
tratar de no pensar que era portador del VIH y que podía contagiar a
su esposa.
"Como ella era una pareja
discordante, nunca adquirió el virus, por eso era mi estado de
negación, yo tenía que usar drogas y alcohol para poder tener
relaciones sexuales, me rompía los preservativos, me decía que yo no
tenía eso", cuenta.
Su consumo de drogas lo acercó a
buscar ayuda en un albergue, donde no aceptaban a los seropositivos.
"Comienzo a gestionar y a moverme,
y ahí conozco a las personas de la Red que me apoyan, y logro, crear
el primer hogar de usuarios de drogas con VIH en Dominicana",
señala.
'Ha sido una odisea'
Karla Portugal
(1 agosto 2008).- MÉXICO.- "Ha sido
una odisea, tanto en mi círculo familiar, como en mi círculo social
y profesional", resume Walter, un joven hondureño de 25 años que ha
vivido los últimos 13 con VIH.
Participante en el encuentro de
jóvenes previo a la Conferencia Internacional sobre el Sida, señala
que en su país prevalece el estigma y la falta de atención para
quienes padecen la enfermedad.
"Cuando tú dices públicamente que
tienes VIH te enfrentas a muchos obstáculos. Los amigos te excluyen,
sientes limitaciones en algunos espacios y eso de deprime. En
Honduras, cuando dices que eres gay los grupos fundamentalistas te
señalan como lo peor, como un mal ejemplo, como alguien que se
merece tener una enfermedad", comenta.
Antes de 2002, cuando llegaron a su
país recursos de Fondo Global contra el Sida, relata, vio morir a
muchos de sus compañeros que, como él, estaban en lista de espera
para recibir el tratamiento antirretroviral. |