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3/10/2008
Los científicos del Instituto Salk
de Estudios Biológicos y el Instituto Burnham de Investigaciones
Médicas en La Jolla (EE.UU.) han identificado 295 proteínas humanas
que ayudan al VIH a establecerse en las células.
El descubrimiento, que permitirá
trabajar en nuevas terapias contra el sida, lo publica hoy la
revista “Cell”. El VIH, como el resto de virus, no puede
multiplicarse por sí solo, por eso necesita infectar células y
hacerse con su maquinaria de replicación.
El VIH en concreto sólo cuenta con
15 proteínas para entrar y poner en marcha el “secuestro”. El
estudio, que reconstruye por primera vez el mapa de interacciones
entre las proteínas del VIH y las proteínas del huésped en los
primeros momentos de la infección, permitirá emprender el desarrollo
de una nueva clase de terapias que impidan al virus hacerse con el
control de las células.
Actualmente se utilizan más de una
docena de fármacos para tratar la infección del VIH, con los que es
posible incluso reducir la carga viral hasta valores indetectables.
Sin embargo, y a pesar de una fuerte terapia antiviral, al cabo del
tiempo el virus acaba por esconderse.
Lo hace integrando su material
genético en el de la célula, de modo que puede seguir
multiplicándose a la vez que lo hace su huésped, pasar inadvertido
para el sistema inmune y a salvo de cualquier tratamiento.
Es lo que se conoce como estado
latente. De ahí la necesidad urgente, según el doctor John Young,
profesor del Laboratorio de Enfermedades Infecciosas en el Salk, de
desarrollar esa nueva clase de terapias que detengan al virus en sus
primeros pasos, más que, simplemente, intentar mantener su
multiplicación bajo mínimos.
“Todas las proteínas que hemos
identificado participan en los primeros estadios del ciclo vital del
virus que preceden a la integración en el genoma del huésped”,
explica a Efe el doctor Sumit K. Chanda, profesor asociado del
Laboratorio del Centro de Enfermedades Infecciosas e Inflamatorias
en el Burnham que ha codirigido la investigación junto a Young.
“Por lo tanto, bloqueando la acción
de cualquiera de estas proteínas se incapacitará al virus para que
prolifere antes de que entre en estado latente”, añade.
Pero no todas las proteínas
identificadas podrán convertirse en diana terapéutica. Antes de
comenzar el diseño de cualquier fármaco hay que comprobar que las
candidatas a diana cumplen algunos requisitos.
Chanda subraya que si bien con este
estudio “se abre un nuevo frente en la guerra contra el VIH, hay que
tener cuidado a la hora de elegir cuáles, de entre todas esas
proteínas, serán las mejores dianas terapéuticas”, una de las
condiciones necesarias es que su bloqueo no provoque efectos
secundarios indeseados.
“Uno debe estar seguro de que la
cura no va a ser peor que la enfermedad”, apunta Chanda.
Normalmente, el descubrimiento convencional de una nueva droga, un
nuevo fármaco, suele llevar alrededor de diez años, con un coste que
puede alcanzar los mil millones de dólares.
No obstante, Chanda cree que ese
tiempo se podría reducir a la mitad con el desarrollo de nuevas
terapias basadas en el ARN de interferencia, muy prometedoras de
momento.
Este tipo de moléculas, los ARNi, a
diferencia de los fármacos convencionales que inciden sobre las
proteínas, se adelantan e impiden que éstas se lleguen siquiera a
producir.
Fuente: EFE |