A Un Año de
nuestra Boda
Hola aquí les mando mi historia. Un
saludo enorme a todos.
Era febrero cuando en el blog de un famoso critico de política y
orgullosamente miembro de la comunidad gay, andrew sullivan,
aparecía la noticia que dos mujeres se habían unido en matrimonio en
una ceremonia llevada a cabo el 11 de enero en Saltillo Coah.
Eric y yo teníamos deseos de casarnos o formalizar nuestra relación,
como luego dicen, desde hace tiempo. Llevábamos en ese entonces 4
años viviendo juntos.
Pues no lo pensamos por mucho tiempo, a la hora ya estaba en el
teléfono pidiendo informes sobre los requisitos que se necesitan
para casarse, o para el pacto civil de solidaridad, como le dicen.
La licenciada que me atendió por teléfono se porto muy amable.
Después de darme la lista de requisitos, que no son nada
complicados, por cierto me pregunto que si quería reporteros durante
la ceremonia. Se lo comunique a mi novio y el dijo que si quería,
pero que no mostraran nuestras caras ni mencionaran nuestros
nombres, que todo lo que quisieran preguntar estaba muy bien,
excepto por esas dos cosas. La verdad yo pensé que iban a ser uno o
dos reporteros nada mas, que no iban a mostrar mayor interés al
asunto porque ya se habían celebrado 3 matrimonios antes que
nosotros solamente mujeres. Y uno mas era así como que ya chole!,
eso pense. Y continuo la licenciada diciendo "es que como son los
primeros varones, pues..." y aparte yo le había comentado que mi
novio era extranjero que que otros requisitos necesitaba, me dijo
que nada mas con que su residencia en el país estuviera legal y no
había problema. Además de ser los primeros varones, el hecho de que
uno fuera extranjero como que atraía más el morbo de la prensa. Al
final hicimos cita para el día 20 de febrero de 2007.
Pues se llego el día, nos pusimos nuestras mejores ropas, obviamente
la ocasión lo ameritaba. Rentamos una habitación en un hotel en
Monterrey y decidimos hacer el viaje en carro hasta Saltillo. Ese
era el plan: llegar a Monterrey, después Saltillo, casarnos y de
regreso a Sinaloa, que era donde vivíamos en ese entonces. El caso
es que debido a compromisos laborales, teníamos que ir y regresar en
tres días.
Como iba diciendo, se llego el día, llegamos a Palacio de Gobierno y
pregunte por la Lic. que me atendió por teléfono (que Dios me
perdone pero no recuerdo su nombre) Ya me explico que el evento iba
a ser en la oficialia No 1 que si no sabia donde quedaba, uno de sus
compañeros se ofreció a llevarnos hasta allá. Ya llegamos a la
oficialia y subimos unas escaleras estrechas hasta un cuartito donde
nos esperaba la Oficial del Registro Civil la Profra. Maria
Concepcion de la Rosa. Llegamos, nos recibieron muy bien. Llenamos
las formas que había que llenar, entregamos lo que necesitaban y
todo en orden y con la debida seriedad. Después de eso, nos vinieron
a avisar que los reporteros ya habían llegado y los tenían esperando
allá abajo. Entonces la Lic. de la Rosa nos pregunto que si
estábamos seguros que si queríamos reporteros, dijimos que si que no
había problema siempre y cuando no mencionaran los nombres ni
mostraran las caras. En fin, dejaron pasar a los reporteros, eran
como diez, nunca había visto tanto reportero en mi vida.
Comenzó la ceremonia. Las Lic. nos dirijo unas palabras, ya sabes lo
común: que esto era un compromiso, adquirido de forma voluntaria,
etc., etc. Mientras tanto las cámaras de video filmando, todo muy
respetuoso y muy propio. Firmamos el acta. Al terminar Eric y yo nos
dimos un abrazo y un beso y las cámaras a todo lo que da.
Y luego los reporteros con sus preguntas, que si como nos sentíamos
(pos si no acabamos de salir del quirófano, tu) que si mi familia
estaba enterada, que por que no los invite a la ceremonia (luego
luego el veneno) y preguntas de esas. Yo por mi parte dije que me
sentía contento porque la ley ya nos apara en por ejemplo cuando dos
personas homosexuales que han compartido tanto tiempo juntos y que
con esfuerzo han logrado formar un patrimonio y que cuando uno de
los dos fallece, antes lo mas común que pasaba era que ese
patrimonio pasaba a ser propiedad de la familia del fallecido, cosa
que no se me hace justa dejando al otro de alguna forma desprotegido
y recibiendo caridad de los otros, si es que los otros así lo
sentían. Pero que gracias a esa reforma ya es posible que cuando uno
de los dos falte, ese patrimonio se quede con el que le sobrevivió y
que ya no viviría de la caridad de otros.
Los reporteros se fueron muy contentos y minutos después la
Profesora recibió una llamada. Era de Palacio y le dijeron que el
Gobernador quería pasar a saludarnos que si nos podíamos esperar,
dijimos que si. Digo, no todos los días me dicen que me espere
porque el Gobernador me quiere saludar. Así que no nos quedo de otra
que esperar. Después de media hora sonó otra vez el teléfono
preguntando que si todavía estábamos ahí, que no nos fuéramos,
porque el Gobernador todavía no se desocupaba. Media hora mas tarde,
decidimos que teníamos que irnos, pero si volvían a hablar de la
oficina del Gobernador, que muchas gracias pero que tuvimos que
irnos. Nos despedimos de la Lic. de la Rosa, salimos de regreso a
Monterrey y de ahí a Culiacan. Y bueno esa es mi historia y si un
día la publican, muchas gracias de antemano. Un saludo Joel y Eric.
Joel
Asunto pasional...
A principios de los años ochenta, en
el Distrito Federal, se vivían días de aparente apertura respecto a
la comunidad gay de la ciudad. Por primera ocasión, se inauguraba en
plena Zona Rosa una discoteca abiertamente para gente gay, con
instalaciones de primer nivel y sin ser un espacio clandestino ni
ilegal. En el Bar El Nueve se daba cita lo más selecto del ambiente,
gente de buena posición económica y próspera; guapos jóvenes
-hombres y mujeres- para los que la música, el baile, los atuendos
de moda y la diversión parecían ser los únicos motivos de su vida;
personajes de la noche cuyas historias todos conocíamos o
desconocíamos, y que estaban ahí siempre presentes adornando con su
particular magia el firmamento de un cielo que para todos era
novedoso.
Entre los muchos personajes que
destacaban de la vida nocturna en el Distrito Federal, estaba la
"Reina Xóchitl", un hombre obeso de 40 o más años de edad, al
parecer de nombre Gustavo, de piel morena y con una estatura que
rebasaba los 1.80 metros. La Xóchitl organizaba espectaculares
fiestas en salones de fiesta, en antros o en el mirador del World
Trade Center (entonces El Hotel de México), a las que acudían
homosexuales de diferentes latitudes de la república mexicana: de
Guerrero, de Tabasco, de Yucatán, de Guadalajara, de Monterrey, de
Tamaulipas...; en fin, sus eventos más prestigiosos fueron concursos
de belleza para travestís (Miss México Gay) o fiestas temáticas
donde la producción asemejaba a las películas de ficheras, tan
gustadas por aquellos días. Pero la actividad principal de la
Xóchitl, por todos bien conocida, era la de "madrota" de una casa de
citas -de su propiedad- en la colonia Anáhuac, donde bellas
jovencitas atendían a altos funcionarios, hombres acaudalados y
políticos del régimen Lopezportillista.
Y como el Bar El Nueve era el sitio
de moda, la cumbre de los lugares de diversión para la gente bonita
de la ciudad, la Reina Xóchitl no podía faltar a los mejores eventos
organizados ahí por sus propietarios, Manolo Fernández y
Henry
Donadieu (foto). Aquel impresionante personaje llegaba siempre en su
elegante auto blanco, vestido con llamativos trajes regionales y
portando impactantes joyas, y escoltado -desde luego- por un séquito
de guapos y jóvenes guardias, algunas veces cadetes del Colegio
Militar o militares de Guardias Presidenciales. Ocupaba siempre,
como es evidente, la mejor mesa y el sitio de honor de El Nueve, y
alrededor de su mesa desfilábamos toda la noche los curiosos que
deseábamos ver su siempre impactante presencia. ¡La Xóchitl!, reina
de reinas! ..., en su mesa le acompañaban otras reinas, menores,
desde luego, como la simpática Esmeralda (hijo de Esmeralda y
Sánchez Ascona) , la irreverente Aicha, la rubia Samantha, la
hermosa Vanessa, no podemos olvidar a Camelia ....; y no podían
faltar los chicos guapos, los cadetes o militares en uniforme de
gala, que bebían toda la noche de las botellas siempre llenas de la
mesa de su Majestad. Dando un gran parecido a Carmen Romano, esposa
del presidente, confusión de algún neófito.
Con el paso del tiempo, era común
encontrarse con la Xóchitl en aquel antro e incluso mi grupo de
amigos y yo fuimos invitados en un par de ocasiones a fiestas
privadas en el burdel de la reina.
Como
es natural, hubo cierto acercamiento con los miembros del séquito
real, a quienes también se les veía ocasionalmente solos
divirtiéndose en el antro. Ese fue el caso de Salvador, un chico de
alrededor de 23 o 24 años de
edad, de pelo negro y ceja poblada, con quien siempre nos
saludábamos de manera muy cordial e incluso llegamos a charlar mis
amigos y yo. A
él era frecuente encontrarlo solo en el antro, platicando con éste o
con aquél, y pidiéndole copas al administrador del lugar (Jaime
Vite - foto), seguramente a cuenta de la soberana, reina de reinas, Xóchitl.
Cierta noche de domingo tuve la
inquietud de salir de casa e ir a tomar una copa a El Nueve, para
ver si me encontraba con alguno de mis amigos y poder charlar un
rato antes de irme por fin a descansar. Recuerdo bien que esto
sucedió en marzo de 1983, cuando cursaba el segundo semestre en la
universidad. Llegué al antro y, como era lógico en una noche de
domingo, había poca gente en el lugar; sólo algunos conocidos y
realmente nadie con quién platicar. Ahí estaba Salvador, a quien
saludé como de costumbre, y no volví a verlo sino hasta cuando
decidí retirarme del bar. Se me acercó y me preguntó si podía darle
un aventón, casualmente a un sitio bastante cercano al rumbo de mi
casa. Acepté llevarlo a él y a su compañero (un chico delgado y de
estatura baja), y fuimos por mi auto al estacionamiento.
En alguna parte del trayecto desde
la Zona Rosa y rumbo al sur poniente de la ciudad, Salvador me
asestó tan tremendo golpe en la cabeza que me hizo perder de
inmediato el conocimiento. Según las investigaciones policíacas,
después de golpearme y perder yo el conocimiento, el tipo me sacó
del auto y me estuvo estampando contra la barda de un terreno baldío
por varios metros (blanco muro sobre el que quedó pintada mi sangre,
como prueba pericial de su crueldad y ensañada violencia). Después
de eso, Salvador y su acompañante me subieron a mi auto, me quitaron
las botas, la cartera, el reloj y no sé qué otras cosas, y me
tiraron entre la vegetación de un ancho camellón de los rumbos de
Santa Lucía. Según se supo después, me dieron por muerto y por eso
se deshicieron de mí; el médico que me atendería después, me dijo
que no se explicaba cómo no me ahogué en mi propia sangre y morí
asfixiado mientras yacía tirado entre la maleza y sobre aquel oscuro
camellón.
Quizás fue mi instinto de
supervivencia o algo más complejo en mi interior, pero me puse en
pie y comencé a caminar con la idea fija de irme a mi casa. No
recuerdo casi nada de esa penosa caminata, descalzo y gravemente
herido por el brutal ataque de Salvador y su cómplice, pero me
impresiona mi excelente sentido de la orientación al recordar que me
encontré con un hombre al que le pregunté si iba en el camino
correcto para llegar al Periférico y la avenida San Antonio; me
recuerdo vagamente preguntándole al asustado hombre, y su respuesta
asombrada: "¡mira cómo te dejaron, amigo!...., ¡sí, aquí derecho
llegas al Periférico!..." No me explico cómo ese hombre me pudo
haber dejado continuar solo, por qué no me ayudó llamando a la
policía, buscando una ambulancia o llevándome a casa.
Otra imagen que recuerdo -casi como
en un sueño-, es la del Periférico de noche, iluminado y vacío, y
aquel alto puente peatonal que me alejaría, de lograrlo escalar, de
aquella zona marginal y hostil de la ciudad. Después, todo es
oscuridad en mi mente y la película se reanuda hasta cuando
despierto sobre mi cama, casi milagrosamente, ya con la luz del día,
con el rostro y mis pies descalzos profusamente ensangrentados. Muy
seguramente, la noche anterior llegué caminando hasta la barda de la
casa, la brinqué (como muchas veces lo hice de chico) y me fui
directamente a mi habitación. Haciéndome consciente de la situación,
abrí la ventana de mi baño y llamé a la sirvienta para que se
acercara, y entonces le pedí avisar a mis padres que había sido
asaltado, que me habían robado el automóvil. Cuando la sirvienta me
vio en aquellas condiciones, grito alarmada que me habían destrozado
la cara y salió corriendo a buscar a mis padres a su cuarto, quienes
al verme inmediatamente llamaron a una ambulancia para trasladarme
al hospital de la Clínica Londres.
Del hospital sólo recuerdo el área
de Urgencias y a mi querido amigo Álvaro, quien por alguna razón del
destino llegó hasta ahí para acompañarme. Fue cuando le pedí se
acercara a mí, sentado ya en una silla de ruedas, y le dije al oído:
"fue Salvador, el novio de la Xóchitl". Tres largos días estuve
hospitalizado, y no fue sino hasta que el entonces muy reconocido
cirujano Ortiz Monasterio dio su autorización, cuando por fin salí
del nosocomio -a donde me llegaron a visitar permanentemente mis más
queridos amigos: Álvaro, Sergio, Jorge, Gaby, Carlos, Jaime y otros.
Ya fuera del hospital vinieron las
diligencias judiciales. En esas fechas, mi padre era miembro del
gabinete presidencial y el hecho movilizó a un cuerpo de elite de la
Procuraduría y de la policía judicial. Con las deducciones sacadas
del relato de los hechos, los investigadores localizaron el terreno
baldío y la barda donde fui golpeado brutalmente por Salvador;
encontraron la casa del cómplice y -días después- mi auto abandonado
en las calles de la colonia Del Valle (sin su regio equipo de sonido
Cockpit Panasonic, instalado en el techo del auto). Gracias al apoyo
de mi gran amigo Jaime Vite, la policía localizó y detuvo a
Salvador, y a los pocos días se le presentó ante el Ministerio
Público y recuperé todas mis cosas. Ya frente a los representantes
del Ministerio Público tuve que estar en un careo con Salvador
quien, buscando erráticamente justificar sus actos ante las
autoridades, dijo que yo era "maricón" y que me había golpeado
porque yo me había querido pasar de listo con él. Inventó que lo
quise tocar y argumentó que su reacción era la lógica por tratarse
de un "joto".
A pesar de la brutal violencia y
alevosía del ataque, de los daños físicos que sufrí (rotura de la
órbita ósea del ojo izquierdo, fractura de nariz y profusos
hematomas en toda la cabeza), así como del flagrante robo de mi auto
y mis cosas, Salvador no estuvo más de tres semanas detenido en los
separos de la delegación Benito Juárez. Supongo que para las
autoridades judiciales de la ciudad sólo se trató de un vergonzoso
suceso entre maricones, lo que no mereció -como lo constaté en los
hechos- la aplicación plena de la justicia en contra de mi atacante;
o, muy posiblemente, la reina de reinas, la Xóchitl, logró mover sus
influencias entre los asiduos clientes de su burdel para sacar al
joven delincuente de atrás de las rejas. El caso es que a los dos o
tres meses después me encontré con Salvador en la inauguración de un
antro gay, en la Zona Rosa, donde afortunadamente iba yo escoltado
por mis mejores amigos y no hubo oportunidad de que se me acercara.
Pero el hecho era contundente: Salvador estaba libre y su artero
crimen permanecía impune.
Durante dos o tres meses
permanecieron visibles en mi rostro las huellas de la golpiza; así
como estaba, lleno de hematomas en todo el rostro, con los ojos
completamente rojos por la sangre acumulada, tuve que asistir
regularmente a todas mis clases en la Facultad. También, debí
aguantar la extraña reacción de mi padre quien -aún no me la puedo
explicar- enmarcó y puso en su estudio una foto que tomó de mi cara
justamente la mañana después del asalto. Pero, sobre todo, pesó
sobre mí la duda de mucha gente sobre lo que falsamente declaró
Salvador, en el sentido de que yo había tratado de seducirlo y de
tocarle la verga; y la sola idea de que aquella supuesta acción mía
(falsa de toda falsedad) pudiera justificar de algún modo la golpiza
que me dio y el robo de mis propiedades, me hizo sentir una
impotencia que aún me invalida el día de hoy.

 |